Europa, Viajes
No hay comentarios 10 de mayo de 2011 – Hamburgo (Alemania)

- Binnenalster, una laguna artificial
Nos levantamos bien temprano porque a las 8:50 teníamos que estar en la estación Ámsterdam Centraal para emprender camino a Hamburgo, Alemania.
Mientras esperábamos el tren, desayunamos un café grande de Starbucks con unas galletitas que se nos podrían haber atragantado al ver que el tren no venía. Era para preocuparse porque con este primer tren, teníamos que ir hasta Hilversum, Holanda a unos 20 minutos de viaje, para conectar con otro tren que nos llevaría a Osnabrück, Alemania. El tren que iba desde Hilversum a Osnabrück, salía 3 minutos después que el que nos traía desde Ámsterdam. Nosotros no teníamos apuro y podríamos tomar un siguiente tren, lo que pasa es que ya teníamos comprado por internet estos dos trenes.
La demora del primer tren fue como de 10 minutos. Pero aparentemente el conductor le avisó al del segundo tren que nosotros íbamos para allá, porque cuando llegamos a Hilversum, nuestro segundo tren estaba justo llegando. Nos subimos y prácticamente arrancó.
Luego de 2 horas de viaje llegamos a Osnabrück, ya en Alemania. Ahí debíamos validar nuestro Eurail Pass para viajar por Alemania. Fuimos a la oficina de DB (Deutsche Bhan) y lo validamos. A partir de ahora, tenemos 10 días de viaje gratis en tren dentro de un lapso de un mes, o sea, no hace falta viajar 10 días consecutivos. Pedimos en la oficina que nos indicaran cuando salía el próximo tren a Hamburgo y como hacen siempre en DB, te dan la información impresa con todos los detalles. En 8 minutos salía el tren, tiempo suficiente para comprar algo en la estación para comer en el tren.
Nos costó encontrar lugar en este tren, pero había dos lugares en un camarote de 6 personas. Con todos nuestros cacharros, logramos ubicarnos bien cómodos. Antes habíamos intentado sentarnos en el camarote de al lado que vimos primero, pero estaban todos los porta-equipajes superiores ocupados y no había lugar para nuestras cosas.
Parecía que estaban buscando a algún delincuente porque ya en el tren anterior vimos como la policía le estaba haciendo muchas preguntas a un muchacho además de pedirle sus documentos. Y en este tren, dos policías, uno vestido como Robocop abrieron la puerta de nuestro camarote y nos pidieron los pasaportes a Sole y a mí. Los miraron bien, pero no nos preguntaron nada. En Dusseldorf, cuando llegamos desde Italia, nos habían mirado de arriba a abajo los pasaportes, porque son diferentes entre sí. Parece que el año pasado cambiaron el diseño, y el mío, que lo hice en el 2010, es un poquito diferente al de Sole que tiene unos años más. En definitiva, nos devolvieron los pasaportes y Robocop se fue.
Luego de dos horas de viaje aproximadamente, llegamos a Hamburgo. Cuando el tren iba llegando, ya nos dimos cuenta de que es realmente importante el puerto de Hamburgo por toda la infraestructura que se veía.
A la hora de ir para el hostel, cometí un error. Teníamos reservado el Hotel Meininger y cuando les pedí las indicaciones para llegar desde la estación de tren, era muy claro el gráfico y estaba sólo a 500 metros de la estación. Pero resulta que eso era de la estación de Hamburgo Altona, que también es terminal de trenes domésticos. Nosotros estábamos en la estación central de Hamburgo. Salí hacia todas las calles de la estación para buscar la calle Max Brauer y no la encontraba. Tampoco encontrábamos la oficina de turismo. Cuando por fin la vimos, ahí nos mostró en un mapa que teníamos que tomarnos el S-Bhan para ir hasta la estación de Altona. Una vez que llegamos a Altona, ahí me ubiqué fácilmente. Ya tenía bien dibujado ese mapa en la cabeza, sólo que me faltó darme cuenta que eso era desde Altona y no desde la estación central.
Al llegar al Hostel u Hotel Meininger, me vino el recuerdo del hostel de Berlín donde habíamos estado en el 2009. Parecen hoteles nuevos, pero tienen un régimen con mezcla de hotel y hostel. Estuvimos en una habitación de 10 camas pero estaba como nueva y era espaciosa. Las instalaciones eran como las de un hotel. Yo tenía la idea de que los hostels Meininger eran como otros hostels económicos donde juntaban a mucha gente en las habitaciones y que no tenía comodidades. Pero por lo menos éste, me sorprendió. Digo éste, porque el de Múnich, estuve leyendo que las últimas calificaciones no fueron buenas. Por eso decidimos no pasar noches en Múnich, ya que tampoco había muchas opciones para alojarse en el centro de la ciudad.
En Hamburgo elegimos este hostel porque teníamos 10% de descuento con el Eurail Pass. En total por las dos noches, por dos personas, pagamos 55 euros. Muy buen precio por la comodidad del hostel y la cercanía a una estación importante como la de Altona, desde donde vamos a salir hacia Berlín el jueves. Eso sí, hay que reservar con anticipación porque yendo en el día, una habitación como la nuestra salía el doble de precio.
Los lockers de la habitación se manejan con una tarjeta magnética al igual que la puerta de la habitación, así que dentro de todo es bastante seguro. Al revés del hostel de Ámsterdam, que cualquiera entraba a la habitación si quería.
Pedimos un mapa en el hall del hostel y fuimos a tomar el S-Bhan hacia la zona de la Antena de Televisión, similar a la que hay en Berlín. Nos tomamos un tren diferente al que debíamos tomar pero nos dejó bien igual. Luego de ver que no había nada de especial por esa zona, seguimos con nuestra caminata.
No teníamos idea de la ubicación y caminamos hacia cualquier lado. En un momento nos encontrábamos en un barrio no tan amigable, que estaba entre la estación de S-Bahn Sternschanze y el estadio del club St.Pauli. Cuando digo que no era muy amigable, no es porque nos miraba la gente con cara de pocos amigos como puede pasar cuando uno pasa por el Bronx de Nueva York. Sino que uno está acostumbrado a ver todo muy limpio y ordenado en Alemania, y de pronto se encuentra con un barrio con casas tomadas y las paredes pintadas con graffitis, negocios viejos, etc. Pero ojo, esto en realidad es común en muchas ciudades alemanas, aunque muchos suponen que no. A pesar de esta apariencia, parecía ser un barrio tranquilo. Nosotros entramos a comprar en un supermercado y no notamos nada perturbador, más que gente, mayormente inmigrantes, haciendo las compras después de trabajar. Nos quedará la intriga de saber cómo son esos barrios de noche, pero por lo menos de día, parecía ser un lugar en el que alcanzaba con tomar los recaudos mínimos, pero nada más. Le faltaba mucho todavía para dar miedo como algunas zonas del conurbano bonaerense o barrios del sur de la ciudad de Buenos Aires.
Una vez que llegamos a una avenida, nos fue más fácil ubicarnos. Ahí fuimos caminando hacia el centro histórico de Hamburgo. Pasamos por una especie de laguna artificial llamada Binnenalster, donde parece ser una zona de recreación. Nos sacamos fotos en la Rathausmarkt, la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento.

- Binnenalster, una laguna artificial

- El Rathaus o Ayuntamiento, de fondo

- La iglesia de Sankt Petri
Después fuimos al shopping Karstadt, que es una especie de El Corte Inglés que hay en España. Estuvimos un rato hasta que nos echaron, pero antes compré un kit de limpieza para mi cámara de fotos y un filtro uv para el lente de la misma.
De ahí fuimos hasta la estación central de trenes a ver si el pase Eurail lo podíamos usar para el S-Bhan hasta las 19 o hasta finalizar el día. Nos dijeron que todo el día, así que nos tomamos el S-Bahn para volver al hostel. La duda de si el pase servía hasta las 19 hs o todo el día surgió por la regla de que en los viajes nocturnos, si el tren sale después de las 19 hs, sirve hasta el día siguiente. Pero como me aclararon, la regla de las 19 hs, solo aplica cuando se trata de viajes en trenes nocturnos. En las ciudades alemanas donde se puede usar el Eurail Pass para viajar en el S-Bhan, es aplicable hasta el final del día. Obviamente, hago estas aclaraciones para aquellos que usen Eurail Pass de días no consecutivos.
Nos tomamos el S-Bhan hasta la estación Altona y antes de llegar al hostel pasamos por un supermercado, para comprar las cosas para preparar la cena.
Sole cocinó unos fideos “casi listos” de los que vienen con salsa en el mismo paquete. Tardó un montón en cocinarse. Encima vinieron a la cocina a avisarnos que en un rato la cerraban y nosotros todavía estábamos sin comer. En fin, comimos a las apuradas pero comimos. No estaban tan mal como aparentaban. Terminamos de comer y cerraron la cocina.
Cuando fuimos a la habitación, vimos a unos nuevos huéspedes que eran polacos. Tres personajes muy bizarros. Ninguno de ellos parecía tener menos de 50 años, pero uno nunca sabe, la gente de Europa oriental, confunde a la hora de adivinar su edad. Lo que queda claro es que no son el estereotipo de pasajeros que se alojan en un hostel y menos en uno de estas características. Si hubiéramos estado en Argentina, claramente estas personas me hubieran hecho preocupar más de que estuvieran en la misma habitación. Pero estando en Europa, es como que uno le da una chance más a la sensación de seguridad. Como que no pasa nada, sólo somos los argentinos que vivimos desconfiados e inseguros.
En un momento, golpea alguien la puerta. Era uno de los muchachos de la conserjería que venían a verificar quienes estaban fumando. En teoría, ellos dijeron que a través de los detectores de humo sabían que alguien estaba fumando en la habitación. Pusieron cara de póker los polacos y dijeron que ellos no eran. Pero en cuanto ésta persona del hostel, entró a la habitación, vio que en la mesa, uno de los polacos tenía una bolsa con cientos de cigarrillos armados. Se justificó diciendo que estaba al lado de la ventana y que por eso había fumado. Pero en un tono típicamente alemán, le ordenaron que dejara de fumar.
Llegó la hora de ir a dormir. Nos acostamos así nomas con todas nuestras cosas en el locker. Sole durmió con la ropa puesta. Yo no, pero até la ropa a la baranda de la cama, total las sabanas eran de esa clase que uno se mete adentro de un sobre. Así que no se notaba si estaba durmiendo con ropa o no.
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